La construcción inicial, realizada por Francisco II, ya no existe.
En 1670, un incendio devora un ala del edificio. Su reconstrucción bajo Luis XIV marca una profunda transformación y una adecuación a los gustos de la época clásica. En 1800, con la explosión de la torre de los Españoles (tour des Espagnols), la fragilización se acentúa. A principios del siglo XX, la "restauración estilística" de los arquitectos jefe de Monumentos históricos favorece el retorno de los siglos XV y XVI, de acuerdo con la representación ideal que se tenía de la forma original.
La restauración actual opta por un relativo equilibrio teniendo en cuenta el valor histórico y arquitectónico del siglo XVII. Se restablece la fachada clásica, pero se conservan sus basamentos góticos, así como las restauraciones que deseaban los arquitectos del siglo XIX. De este modo, la fachada recupera el aspecto que tenía después de las obras que Luis XIV decidiera en 1681: una entrada cubierta con un baldaquino que presenta un ornamento en espiral con las armas de la realeza francesa a nivel de la cornisa.
Se conservaron los tragaluces clásicos adornados con "grandes trofeos con escudos" que habían sustituido a los tragaluces góticos de finales del siglo XV. No se restituyeron los trofeos militares, para los cuales no había documentos. Sin embargo, para los tramos cercanos a la Corona de oro, se conservaron los tragaluces neogóticos de las restauraciones de 1877 y de 1907.